La definición de la palabra escribir según la Real Academia Española es representar las palabras o las ideas con
letras u otros signos trazados en papel u otra superficie. Saber realizar
esa representación es una labor que requiere mucha práctica para poder
dominarla. Se empieza aprender desde la primaria, donde algunos conceptos se
contradicen con lo que se enseña en la universidad. Pero el saber escribir
correctamente no tiene una función por sí sola pues es necesario que tenga un
significado esas palabras o, mucho mejor, que exista la expresión de una idea.
Tal vez una palabra pueda filosofar y diga estoy escrita, luego existo, pero que
mejor que un grupo de palabras puedan decir somos
una idea, luego perduramos. Pero para perdurar se debe trascender. Entonces ahí está el objetivo que debemos
perseguir cuando escribimos: la trascendencia. Aprendemos a escribir pero eso
no basta, también necesitamos saber pensar para poder trasmitir. He leído
muchos escritos, incluidos los míos, y ninguno cumple con ese objetivo. La
hermosura sintáctica se suicida al darse cuenta que no trasciende, que no basta
la elegancia para poder vivir mas allá de esos momentos en que es pronunciada, pues
antes de que se pronuncie por completo ya está muerta. ¿A caso durante nuestra
vida no hemos generado una sola idea que pueda quedarse en la mente de los
demás? Tal vez no. Describir hechos irrelevantes me parece ocioso y vulgar.
Desenvolver nuestro pensamiento es trascender.
Aprender a ir más allá de los límites que otorga el tiempo a
la mayoría de las palabras es un reto. Y para poder lograr esto, la única vía
que he encontrado es no tener miedo a expresar mis más incomprensibles
pensamientos, pues en el expresar encuentro
el raciocinio y en el raciocinio el error y en el error desenmascaro falso y en
lo falso voy encontrando las verdades.
Enorgullerserme por saber escribir es como decir que tengo
un viñedo y no sé hacer vino. Así qué dejaré a un lado mis escritos ociosos que
solo son basura, incluido esta tal vez, y tiempo perdido y empezaré a fijarme
en la hermosura semántica donde mi pensamiento sea el protagonista. Puedo decir que en este curso aprendí que la
palabra no es nada sino convive, que en
la escritura también hay subordinados, que una pausa no es una coma y una coma
debe ser un punto y el punto lo decido yo.




