domingo, 24 de febrero de 2013

Catarsis de un mendigo



"Yo no hablo de venganzas ni perdones, el olvido es la única venganza y el único perdón..."
J. L. Borges

Hay tantos tiempos añejos que embriagan mi presente con melancolías; como única víctima está el alma mía, ferviente de ansiedades y de sueños condenados en el infierno de mis aporías, con un amor agonizante sin horizonte y un infinito lejos de tu sol que conspiran día a día para no sentir la flama de otro amor.
Son tus recuerdos suplicios eternos para mis nuevas alegrías, en las tardes sin ocaso y en mis noches de revolución.  Desde sombras acechantes a miradas penetrantes, de sonrisas envolventes a glorias carnales, de vientos impetuosos hasta claros de luna, sin perderse siempre han estado ahí. Extensión de tus manos que abrazan y  arrullan cuando en soledad estoy pero cuando quiero irme no aceptan abdicación.
Tanto archivo muerto que mi corazón se ha empeñado en revisar y reescribir, a veces con dolor otras con emoción, pero con una simple intención: renombrar el vacío. Soy mártir de la tiranía de sus suspiros, vasallo de un señor llamado pasado y cobarde que indulta a los fantasmas de tu sexo inmortal.  
He buscado en muchos pechos abolir mi voluntaria esclavitud, erradicar la plaga de tus miradas en cada parpadeo y perder para siempre tu piel en la guerra de cuerpos que las noches me traen. Pero todo intento se ha vuelto intrascendental. Mi voluntad de olvidarte, en mi ego no ha encarnado todavía. Aún cuando tus besos pasaron a ser un mito y tu sonrisa una lágrima a la nada, me aferré a un “tal vez algún día” valorizandolo en fidelidad a una promesa infinita.
Sin embargo, ahora comprendo que tus recuerdos nunca tendrán permanente exilio, que Dios es el único que los podrá sacrificar, solo me corresponde ignorar su presencia y ponerlos en libertad. Dejar que vuelen y abandonen la jaula de mi presente y que permuten a estólidos testigos de mi existencia. Como golondrinas dejar que hagan en mi memoria  sus estaciones y se alimenten de mi experiencia pero ya no más de mi amor por ti, pues ya no hay nido que los reclame ni manantial sereno para que puedan vivir. Nuestra promesa quedará firme, pero con nuevas clausulas, nunca contempladas ni consensadas, pero sí necesarias para que su vigencia no sufra de caducidad.
Tu olvido desangró mi aliento pero no mi vida, ensombreció mis huellas pero no mis pasos, vulneró mis certezas pero nunca mi fé. Ahora dejar de amarte será un decreto cincelado bajorrelieve en mi memoria, que titulado emerja así: Mi casualidad de primavera no creí que nos llegara el invierno...

domingo, 17 de febrero de 2013

El rayo que cayó en el Vaticano: una visión geopolítica


Una sola decisión en un solo instante, puede cambiar irremediablemente el rumbo de la vida, puede girar todo al lado oscuro o inundarlo de luz, puede hacer de ti un héroe o un criminal, podría llevarte al cielo o al infierno pero siempre será un lugar desde el cual no podrás volver.




La abdicación de Benedicto XVI abre la posibilidad de un resurgimiento de la Iglesia católica, un cambio de estafeta no repentino sino planeado, no a partir de la tragedia de la muerte sino del raciocinio. Este resurgimiento a partir de la Nueva Evangelización que el Vaticano construye desde hace varios años en sus entrañas, implica generar un gran entusiasmo en la sociedad, mayor atención a las inquietudes que enfrenta el ser humano actualmente y un acercamiento más vivencial al corazón del hombre. Todo esto tiene una consigna principal, no nueva, pero si olvidada por muchos: la coherencia entre lo que se predica y lo que se hace, entre lo que cree el católico y la práctica en su vida diaria.

La Iglesia está rompiendo paradigmas. Es un hecho, y ahora se enfrenta a uno crucial como lo es el cambio de  estafeta: un europeo, un asiático, un africano o un americano. La decisión no recae en mi, ni en nadie que lea este texto aunque  siempre hay sorpresas, pero si haré una suposición muy probable: éste será brasileño.

¿Esto qué puede cambiar en el orden mundial? Yo diría que mucho. El nuevo papa llegaría de un país que está de moda. Si hacemos un balance rápido podemos decir que Brasil es la sexta economía mundial, es líder regional, es el país con más católicos del mundo, son los mejores en el deporte más popular del orbe, tienen un creciente poder militar, será sede de la Jornada Mundial de la Juventud, de la Copa Confederaciones,  del Mundial de Futbol y de los Juegos Olímpicos. En pocas palabras: es un líder político, económico, deportivo y social.

 Pero su liderazgo todavía no lo convierte en un verdadero referente mundial aunque tenga suficiente capital político para cubrir los requisitos necesarios. Para lograrlo requiere legitimarlo, y es aquí donde la sucesión  papal hace un papel decisivo para que éste gigante brille con luz propia. Brasil a través de un liderazgo moral, como lo es un papa, podría encabezar el resurgimiento de la Iglesia católica, capitalizar el entusiasmo que surgiría en la región más devota del mundo y convertirse en  líder  legítimo a la vista del mundo e inundarse de luz, pues su voz ya  tendrá un peso específico en el juego de mover  masas. Una simbiosis conveniente.