domingo, 24 de marzo de 2013

Escribir: un verbo que dificulta su existencia


La definición de la palabra escribir según la  Real Academia Española es representar las palabras o las ideas con letras u otros signos trazados en papel u otra superficie. Saber realizar esa representación es una labor que requiere mucha práctica para poder dominarla. Se empieza aprender desde la primaria, donde algunos conceptos se contradicen con lo que se enseña en la universidad. Pero el saber escribir correctamente no tiene una función por sí sola pues es necesario que tenga un significado esas palabras o, mucho mejor, que exista la  expresión de una idea.

Tal vez una palabra pueda filosofar y diga estoy escrita, luego existo, pero que mejor que un grupo de palabras puedan decir somos una idea, luego perduramos. Pero para perdurar se debe trascender.  Entonces ahí está el objetivo que debemos perseguir cuando escribimos: la trascendencia. Aprendemos a escribir pero eso no basta, también necesitamos saber pensar para poder trasmitir. He leído muchos escritos, incluidos los míos, y ninguno cumple con ese objetivo. La hermosura sintáctica se suicida al darse cuenta que no trasciende, que no basta la elegancia para poder vivir mas allá de esos momentos en que es pronunciada, pues antes de que se pronuncie por completo ya está muerta. ¿A caso durante nuestra vida no hemos generado una sola idea que pueda quedarse en la mente de los demás? Tal vez no. Describir hechos irrelevantes me parece ocioso y vulgar. Desenvolver nuestro pensamiento es trascender.

Aprender a ir más allá de los límites que otorga el tiempo a la mayoría de las palabras es un reto. Y para poder lograr esto, la única vía que he encontrado es no tener miedo a expresar mis más incomprensibles pensamientos, pues en el expresar  encuentro el raciocinio y en el raciocinio el error y en el error desenmascaro falso y en lo falso voy encontrando las verdades.

Enorgullerserme por saber escribir es como decir que tengo un viñedo y no sé hacer vino. Así qué dejaré a un lado mis escritos ociosos que solo son basura, incluido esta tal vez, y tiempo perdido y empezaré a fijarme en la hermosura semántica donde mi pensamiento sea el protagonista.  Puedo decir que en este curso aprendí que la palabra no es nada sino convive,  que en la escritura también hay subordinados, que una pausa no es una coma y una coma debe ser un punto y el punto lo decido yo.

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