domingo, 10 de marzo de 2013

Armisticio


El día de hoy mi memoria, mi imaginación y un fuerte dolor de espalda que no me ha dejado desde hace varios días, no me permiten concatenar palabras que generen una idea completa y escribir una entrada decente para mi blog.

Cuando quiero tratar de pensar mi mente empieza divagar  en el desierto de mis pensamientos, donde  hoy no pasa nada.  Sin duda no quiero obligar a mi mente a trabajos forzados, creo que no la puedo condenar por querer descansar. El día de hoy solo veré como la gente camina, corre, grita, sonríe, empuja y todas la cosas que uno puede observar cuando los pensamientos están de vacaciones. Sin duda me burlaré de la atrocidad que comenten por no dejar descansar en domingo a sus neuronas, ya que eso va en contra de las leyes divinas.

Sé que el maestro al leer este texto, dirá que es una irresponsabilidad  porque tuve mucho tiempo para hacerlo, y lo único que se me ocurrirá decirle es que en la administración de mi tiempo los domingos los dedico para hacer esta tarea y que hoy conspiraron en mi contra seres míticos con las que no puede combatir y con mucha sinceridad hoy no quiero convertirme en ese personaje épico que salga triunfante. Pues mientras escribo el armisticio de mis neuronas, una amiga que acabo de conocer en la biblioteca por casualidad, me preguntó ¿me acompañas a tomar unos tragos, ya que no quiero llegar pronto a mi casa?

Debo aceptar que me siento como Adán aceptando la manzana, sin embargo, ¿quién soy yo el día de hoy para luchar contra los dioses de la flojera y del alcohol? Considero que solo soy un humilde pecador, que acepta su culpa esperando que no se le enjuicie como cobarde por no enfrentar lo imposible; recurro a la misericordia del juez para que acepte este escrito como prueba de que no quiero ser expulsado del paraíso.

No soy un sinvergüenza,  pero la tregua con mis obligaciones es irrevocable. No tengo el arsenal ni los elementos de ataque suficiente para aventurarme a tal empresa. Mi caballería ligera no cometerá semejante suicidio al adentrarse solo con las buenas intenciones. Además no creo que exista aquel que tire la primera piedra pues todos somos hijos de la idea que ser valiente también implica ser prudente y hoy sería una imprudencia acabar con mi paciencia queriendo hacer esta tarea.

Quiero agregar que solo tengo unos minutos para poder estar en la puerta principal de la biblioteca y encontrarme con  mi nueva amiga y disfrutar de un domingo caluroso con una cerveza bien fría.

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